miércoles, 23 de enero de 2013

“La crónica es ese género maravilloso que permite investigar como los reporteros y escribir como los escritores”




Se publica en nuestro país El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé, del cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos. En una crónica de largo aliento, el texto desentraña verdades y mitos de la figura más importante del deporte de Colombia y uno de los mejores boxeadores de la historia, sumido tras el éxito en un pozo de locura.



Entre 1972 y 1980, la sociedad colombiana atavesó su momento de mayor furor deportivo: Antonio Cervantes, popularmente “Kid Pambelé”, defendió el título de Campeón del Mundo en la categoría Welter Junior, con la sola interrupción de su caída ante el portorriqueño Wilfred Benítez en 1976, a quien venció al año siguiente para volver a hacerse del cinturón. Durante ocho años, Pamebelé, un afrodescendiente de origen humilde, que llegó al boxeo como brazada de ahogado ante la perspectiva de una vida signada por la miseria, fue el blanco de todas las alabanzas. Se empachó con manjares que nunca había siquiera olido: el lujo, la ostentación, la fama, el reconocimiento social y sobre todas las cosas, la chapa del campeón. Luego de la extensa fiesta, Pambelé se hundió en un pozo de despilfarro de lo que le quedaba: drogas, alcohol, peleas callejeras y locura. Sin embargo, la sociedad colombiana aún lo reconoce como uno de sus máximos baluartes en materia de deportes. Alberto Salcedo Ramos, periodista colombiano al cual Jon Lee Anderson definió alguna vez como “cronista de cronistas”, realizó durante dos años un arduo trabajo de investigación para confeccionar el perfil de largo aliento El oro y la oscuridad. La vida gloriosa y trágica de Kid Pambelé, que se acaba de publicar en nuestro país bajo el sello Libros del Náufrago. En diálogo con Perfil, el autor explica: “Pambelé es el único deportista colombiano incluido en el Salón de la Fama de su disciplina deportiva. No recuerdo ningún otro peso welter junior que haya hecho veintiún combates de título mundial. Él nos enseñó a ganar, nos hizo pasar de las victorias morales a las reales. Antes de Pambelé, Colombia vivía festejando el empate 4 a 4 entre la selección de fútbol y la antigua Unión Soviética, en el mundial de 1962. Incluso, había un chiste nacional: como los rusos tenían en la camiseta las iniciales `CCCP´, la gente decía que eso significaba `Con Colombia Casi Perdemos´. Cuando apareció Pambelé, dejamos de festejar ese empate y empezamos a festejar sus triunfos. Fue  un campeón enorme, y luego cayó a un abismo. Me interesaba no sólo contar su historia sino buscar los vasos comunicantes entre este tipo de ídolos populares y nuestras sociedades”.   

La de Pambelé no es la primera historia ligada al mundo del boxeo con la capacidad simbólica para hacer patente profundidades nerviosas latentes de las sociedades, con potencial de traducirse en obras literarias o audiovisuales. Allí estuvieron Justo Suárez, el popular peso liviano en cuya trayectoria boxística desarrollada en los años 30 inspiró a Julio Cortázar para escribir Torito, cuento publicado en Final del juego; y José María Gatica, inmortalizado por Leonardo Favio en esa joya del cine argentino que fue Gatica, el Mono, sólo por nombrar dos ejemplos magistrales. ¿Qué hace del boxeo una disciplina con tal potencial? Responde Salcedo Ramos: “Joyce Carol Oates nos recuerda que el boxeo es el único deporte en el que no se utiliza el verbo jugar. Los boxeadores suben al ring con los torsos descubiertos. Yo asocio esa desnudez con la desnudez original, con la orfandad. Todo eso ya le da al boxeo, de entrada, una característica especial que lo convierte en una cantera de historias”.     


Salcedo Ramos es uno de los mayores exponentes del periodismo narrativo latinoamericano. Nacido en Barranquilla en 1963, es autor de La eterna parranda. Crónicas 1997-2011 y de Diez juglares en su patio, entre otros. Consultado acerca del estado actual de la crónica en el continente, reflexiona: “América Latina ha sido un continente saqueado: nos roban los ladrones que vienen de afuera y los ladrones que tenemos nosotros adentro. Se llevan el petróleo, el oro, las esmeraldas, el carbón. En Colombia decimos coloquialmente que nuestros políticos son capaces de robarse hasta un hueco. La crónica es un género de resistencia contra todo eso: surge como una necesidad de dejar un testimonio. Pero además escribimos crónicas porque lo único que no pueden arrebatarnos, después de todo, son los cuentos”.

En El oro y la oscuridad, Salcedo Ramos logra un trabajo capaz de dar cuenta de los principales vaivenes de la vida de Pambelé y su reflejo en la sociedad colombiana, fundamentalmente a través de las voces de quienes lo conocieron en su origen, apogeo y caída libre: su entrenador Tabaquito Sanz, su manager Ramiro Machado, su descubridor Nelson Aquiles Arrieta, distintos periodistas especializados que siguieron al campeón en sus combates, también sus hijos, sus hermanas y su madre. A su vez, hay encuentros con el Pambe en diversos tugurios colombianos. Todo, narrado con un pulso entre urgente y reflexivo, característico de Salcedo Ramos, que no duda en reconocer sus principales influencias entre los cronistas argentinos: “Desde Roberto Arlt hasta Osvaldo Soriano, pasando por Tomás Eloy Martínez y Rofolfo Walsh. Ahora tienen al enorme Martín Caparrós, maestro de maestros, y a la enorme Leila Guerriero, que va camino a convertirse en una autora de culto. También Josefina Licitra, a quien admiro por su gran vigor narrativo. La crónica es ese género maravilloso que permite investigar como los reporteros y escribir como los escritores”, señala.


Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 13 de enero de 2012

lunes, 31 de diciembre de 2012

Conexión Carvalho


El escritor y periodista brasileño visitó Buenos Aires en el marco del ciclo “Encuentro con la literatura brasileña”, organizado por el Malba. En un diálogo abierto al público, habló de las obsesiones que motorizan su obra, del estado de la literatura de Brasil y de la invitación de honor a su país para la Feria de Frankfurt del año próximo.






Bernardo Carvalho se acomoda en un sillón que simula ser de cuero, no sin cierta timidez. Frente a él, el coqueto auditorio del Malba donde los asistentes, mayormente estudiantes y periodistas, lo escrutan con la mirada sostenida y las orejas cubiertas con los auriculares que traducirán su portugués carioca al castellano rioplatense. A un costado, se ubica el editor y escritor Damián Tabarovsky, que introduce la charla al señalar que Nueve noches fue el gran salto de Carvalho hacia la primera división de la literatura brasileña y latinoamericana.  “Sí, fue un salto en mi obra, pero al mismo tiempo fue un problema, porque tuvo un efecto reactivo. Se publicó en un momento de menor interés por la ficción y de un interés creciente por la no ficción. Yo venía escribiendo una ficción muy alucinada, estaba como enredado. Pensaba que era necesario no repetirme. Estaba en un estado muy sensible y no encontraba mi voz. Había entregado un libro de cuentos a un editor, y la devolución fue pésima. Cuando creía que estaba acabado como escritor, leí en el diario la reseña que hacía una mínima referencia a Buell Quain, el antropólogo estadounidense que se suicidó en Brasil en 1939. Esa nota me despertó una obsesión por saber más de esa historia. Paradójicamente, Nueve noches fue el libro que me devolvió a la ficción a través de un juego con la no ficción. Fue un salto, pero también fue leído de un modo que no hubiera querido”, se explaya Carvalho, que con simpleza y algo de humor relata las sensaciones de pesar que antecedieron a la creación de Nueve noches, un libro plagado de misterios que lo coronó como uno de los escritores más atendibles de la escena del Brasil contemporáneo, y que junto con Teatro, editado por Corregidor, representan el pequeño corpus de su autoría disponible en castellano en nuestro país.

Carvalho nació en 1960 en Rio de Janeiro, la cidade maravilhosa. Se gana la vida en parte como escritor, en parte como traductor (tradujo a Juan José Saer al portugués), pero fundamentalmente como periodista y editor en medios gráficos. Fue corresponsal en París y Nueva York del Folha do Sao Paulo, trabajo que funcionó, paradójicamente, como un disparador fundamental para su obra narrativa: tanto Teatro, como Nueve noches, tienen sus orígenes en noticias publicadas en la prensa, leídas casi al azar: “Me interesa establecer conexiones entre aquellas cosas o situaciones que en sí no están relacionadas. Ese es el principio de la literatura. Dentro de ese terreno, las noticias de los periódicos me dan un sustrato para escribir ficción”, sostiene el autor, que en Teatro diseña una trama compuesta por dos historias entrelazadas, atravesadas de lleno por el crimen, la violencia y el misterio, donde la paranoia es el término clave que define y marca el pulso de la narración. “Es que la paranoia, para mi escritura, es algo positivo”, confiesa.

Nueve noches, por su parte, es un libro por demás complejo. No es una novela, aunque está repleta de recursos literarios. Tampoco es una investigación periodística, aunque la historia que narra es verídica: Buell Quain, un joven pero destacado antropólogo estadounidense, se suicidó durante su retorno a la ciudad de una aldea indígena en las profundidades de Brasil el 2 de agosto de 1939. Desde entonces, el caso quedó condenado al olvido. De esta manera, Carvalho desata una furiosa carrera de investigación que lo llevó a escribir este libro que no sólo es la búsqueda de una respuesta a la misteriosa muerte del investigador, sino también un complejo entramado de amores, odios, traiciones, miserias del mundillo académico. A su vez, el libro ingresa en la dimensión autobiográfica de la relación del autor con su padre: “En un momento dado, llegué al punto en que no nadie nuevo a quien preguntarle acerca de Quain. Entonces, empecé a enviar cartas a Estados Unidos, buscando personas en las guías, por apellidos que coincidieran con partícipes de la historia. Todas las cartas volvieron cerradas. Nadie las había leído. Comprendí entonces que la investigación había terminado. Fue entonces cuando comencé a trabajar en el plano de la ficción autobiográfica de mi infancia con mi padre”, explica Carvalho.  

Si bien en los últimos años en Brasil se ha registrado un incremento de la industria cultural, con una suba de los incentivos estatales, de cara a la invitación de honor al país para la Feria de Frankfurt de 2013, Carvalho no se muestra optimista al respecto: “Brasil es ahora más complejo y diverso que antes. Hay una apuesta por una nueva literatura realista que plasme esa situación –señala Carvalho-. Para la literatura que me interesa, que es una ficción de resistencia, de contra, es un escenario desfavorable. Hoy Brasil está en busca de su literatura de masas. La cara que el país mostrará en Frankfurt probablemente no sea su veta más interesante, que es la vasta literatura experimental que existe, sino aquella que busca estar a tono con un estilo globalizado y lleno de clichés”.



 Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 23 de diciembre de 2012

martes, 11 de diciembre de 2012

La banda más guapa de Brasil

La banda más guapa de Brasil
Por Juan Francisco Gentile. A banda mais bonita da cidade es un quinteto de Curitiba que trascendió el under gracias a la visualización en las redes sociales de su primer video clip. Su primer disco es una síntesis entre el rock con sello indie y la tradición de la canción brasileña 

Charles Bukowsky ya había dejado su trabajo de cartero del servicio postal estadounidense en Los Angeles para dedicarse íntegramente a beber y escribir. Corría el año 1972.
Luego de décadas de ganarse la vida a través de múltiples trabajos mal pagos y humillantes, entre los cuales el de repartidor de cartas fue lo más cercano a un empleo formal en la historia laboral del autor de novelas como Factótum y Pulp, finalmente podía centrarse en lo que realmente lo apasionaba: las calles, la bebida y la literatura, en franca relación retroalimentaria.
Fue entonces cuando Bukowsky escribió aquel cuento que sacudió con su estilo y su temática a lectores de todo el mundo: “La chica más guapa de la ciudad”, relato incluido enErecciones, eyaculaciones, exhibiciones. Cass, una chica de inigualable belleza y una extraordinaria habilidad para esfumarse cuando los hombres creen allanado el camino a la cama, se autoflagela a la vista de todos con alfileres y botellas de vidrio para evidenciar ante el mundo lo perecedero de la belleza física.
Ya sea por lo impresionante su temática, por la maestría de Bukowsky al narrar  o por la ternura que despierta la historia de Cass (que como saben quienes lo leyeron, y como imaginarán quienes no, no termina comiendo perdices), el relato fue retomado por múltiples obras teatrales, musicales y cinematográficas. Aquí nomás, en el Río de la Plata, Fito Páez compuso una suerte de diálogo con la historia de Cass en la canción más famosa de su disco Ey!, de 1988, “Polaroid de locura ordinaria”: “Brillaba era una perla / y nunca hacia nada / después dijo que me amaba / y se hundió la gillete”.
El cuento de aquel exponente de la generación Beat fue también el disparador para que un grupo de jóvenes brasileños de la ciudad de Curitiba pusiera nombre a una de las bandas de rock más interesantes que surgieron en los últimos años en el continente: A banda mais bonita da cidade. Integrada por Uyara Torrente (voz), Vinicius Nisi (teclados), Rodrigo Lemos (guitarras) Diego Plaça (bajo) y Luís Bourscheidt (batería), esta agrupación nació como joyita oculta del under curitibense. Repentinamente se volvió un fenómeno de las redes sociales y sacó su disco debut a fines del año pasado, conformado por trece canciones que muestran una equilibrada fusión entre el rock de cuño indie angloparlante y la tradición cancionística del Brasil, conocida como MPB (Música Popular Brasileña).
Desde su formación en 2009, la banda dio los pasos que indica el manual: tantas presentaciones como fueran posibles; en bares, clubes, festivales, eventos, difusión boca en boca, usuario en alguno de los sitios en línea que permiten alojar y escuchar música gratis y la prepotencia de trabajo propia de la juventud. Hasta febrero de 2011, A banda mais bonita da cidade no había traspasado el rango de alcance común a una banda de garaje, aunque con una calidad compositiva superior a la media y un sonido profesional.
Fue entonces cuando captaron la atención de millones de ojos: lanzaron en you tube el video de la canción “Oração”, que se convirtió en un fenómeno de las redes sociales, alcanzando en tres semanas la cantidad desmesurada de cinco millones de reproducciones. ¿Las razones? La calidad del tema, lo original de la idea, una realización impecable y buen tino a la hora de difundir.
El video consiste en un plano secuencia (toda la historia audiovisual narrada en una sola toma, de tipo travelling) filmado en una vieja casona del sur de Brasil, en el cual la cámara acompaña a Leo Fresatto, compositor del tema pero no integrante de la banda, en un recorrido in crescendo en el que se encuentra con músicos y amigos que entonan la canción acompañados de los más diversos instrumentos, para terminar en un clímax sonoro y visual que conmueve a cualquiera que tenga sangre en las venas. Todo, con la cadencia única e indescriptible que caracteriza a los brasileños.
A partir del fenómeno de “Oração”, la banda más linda del Brasil aprovechó la difusión vertiginosa de su música para convocar al público a colaborar para en el financiamiento de su disco debut, que llevó el nombre del grupo y apareció en la web de la banda para su descarga gratuita en octubre de 2011. 
El resultado son 13 canciones donde los recursos que priman tienen que ver con elementos del rock clásico o retro (hammonds, melotrones, guitarras levemente distorsionadas) al tiempo que brilla lo mejor de la tradición cancionera folk del Brasil, lo cual los ubica como los herederos generacionales de los Tribalistas, aquel grupo que entre 2002 y 2003 formaron Marisa Monte, Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown y que dio una vuelta de tuerca inesperada y original a la canción brasileña.
En tiempos en los que más de un escucha sofisticado de rock fusión lanza al aire sus quejas por la escasez de novedades atendibles, A banda mais bonita da cidade se perfila como uno de los puntales de la canción latinoamericana, y como Cass, deja a un lado las apariencias, no sucumbe ante el sonido blando y perfumado que caracteriza a las bandas con pretensiones radiales y apuesta a una estética profunda y renovadora de la canción del Brasil.

martes, 4 de diciembre de 2012

La ciudad mutante


En el comienzo del actual milenio, dos momentos históricos representaron un punto de quiebre para los modos en los que se desarrolló la cultura urbana en la Buenos Aires. Se trata de dos diciembres: de 2001 y 2004. El primero, con la caída del gobierno de la Alianza, puso en cuestión una importante cantidad de parámetros de producción y difusión cultural al tiempo que significó el fin de una etapa política y social signada por el más crudo neoliberalismo. El segundo, tuvo lugar la denominada “tragedia de Cromagnón”, en el que 198 jóvenes murieron producto de la impericia del sistema de espectáculos en la Ciudad, a lo que se sucedieron clausuras compulsivas de espacios de producción de cultura. Desde entonces, los emprendimientos culturales porteños comenzaron un lento pero sostenido proceso de recomposición, en el que florecieron pequeños y medianos centros culturales, salas de teatro, recitales de poesía, revistas independientes y una importante cantidad de emprendimientos netamente ligados a la difusión a través de Internet y las nuevas tecnologías. Desde aquel quiebre a esta parte, Buenos Aires volvió a ser una ciudad plena de oferta cultural, y el circuito alternativo se revitalizó, al tiempo que en el plano educativo esta descentralización pareció haber pasado de largo. De estos procesos da cuenta Mi Buenos Aires querido. Entre la democratización cultural y la desigualdad educativa, una compilación de ensayos académicos dirigida por la docente, investigadora y doctora en Ciencias Sociales Ana Wortman.


Con la participación de doce investigadores, la gran mayoría de ellos sociólogos de la Universidad de Buenos Aires, Mi Buenos Aires Querido plantea una suerte de paradoja en la cual, por un lado, la explosión de las redes sociales y de los diferentes circuitos culturales y de diseño permiten hablar de cierta tendencia hacia la democratización del acceso a la cultura, en el plano educativo formal se observa una paralización fuertemente afirmada en parámetros tradicionales. De esta manera, los ensayos abordan, con un pie en la investigación metodológica, temáticas como las relaciones entre clases medias y nuevas tecnologías, la idea de una “cibercultura” como factor para interpretar las variables identitarias, casos concretos de producción independiente, como la emergencia de múltiples editoriales alternativas, y los lazos sociales que estructuran una vida moderna-tardía en las escuelas y universidades, entre otras.   



Publicado en el suplemento de Cultura del diario Perfil el domingo 2 de diciembre de 2012

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Una balsa de libros, y a naufragar


Por Juan Francisco Gentile"El oro y la oscuridad", del colombiano Alberto Salcedo Ramos, y "La peor de las ciencias", del platense Gabriel Pinciroli, son los dos nuevos libros que agrandan el catálogo de Libros del Náufrago, una pequeña pero pujante editorial local que a fuerza de trabajo constante y un ojo clínico para la detección de títulos, se afianza en la escena.



Desde el estallido social, político, económico y cultural que significó para la Argentina el 2001, a esta parte, un fenómeno inédito comenzó a crecer y se multiplicó hasta el infinito: la aparición de nuevas editoriales. Medianas y pequeñas, autogestionadas y comerciales, profesionales y artesanales, insertas en el mercado y outsiders, lo cierto es que una gran cantidad de títulos y autores nuevos comenzaron a circular en diferentes capas de la cultura, algunos relegados a la circulación exclusiva en ámbitos subterráneos y sin capacidad ni voluntad de trascender al under (caso paradigmático fue el abanico de editoriales artesanales que le dieron vida a la Feria del Libro Independiente –FLIA-), otras rompiendo el cerco de lo marginal para liberar una disputa palmo a palmo en el plano de la hegemonía cultural de la edición de libros a los grandes sellos del mainstream. En este último grupo se encuentra como caso singular la creciente editorial local Libros del Náufrago.
A través de una edición profesional, de una distribución relativamente completa en librerías chicas y de las otras, diseños que nada tienen que envidiarle a los grandes sellos y, por sobre todas las cosas, de un catálogo fuera de serie -mérito exclusivo de su editor Juan Ignacio Calcagno Quijano- que acerca a los lectores argentinos títulos que, exageraciones aparte, se encuentran entre lo mejor de la crónica y la narrativa social latinoamericana contemporánea, pero que paradójicamente son desatendidos por las grandes editoriales, Libros del Náufrago arremete nuevamente con dos novedades: "El oro y la oscuridad", del exquisito cronista colombiano Alberto Salcedo Ramos, que narra la increíble historia de Kid Pambelé, el mayor boxeador de la historia de Colombia y tal vez de América Latina (integrante de la colección Crónicas del continente, dirigida por Daniel Riera, uno de los directores de Barcelona); y "La peor de las ciencias", de Gabriel Pinciroli, un joven narrador platense que se presenta en sociedad con esta serie de crudos relatos, capaces de producir reacciones físicas a los lectores, en una clara demostración del poder de la literatura (parte de la colección de narrativa Patas cortas).  
Pambelé: la locura del éxito. Apogeo y ocaso de un mito colombiano
“Cuando yo era niño, no perdía mi tiempo viendo a Superman o a Tarzán: mi superhéroe era de verdad y se llamaba Pambelé”, escribe Alberto Salcedo Ramos. Su confesión es también la de, por lo menos, toda una generación de colombianos: Antonio Cervantes, alias Kid Pambelé, no sólo fue el mayor ídolo deportivo que dio Colombia en su historia, sino que además fue uno de los mejores boxeadores del mundo entero. Campeón del mundo en la categoría Welter Junior, Pambelé defendió ese título de modo constante durante casi ocho años, entre 1972 y 1980, con la única interrupción de la caída ante el portorriqueño WilfredO Benítez en 1976, a quien venció tan sólo un año más tarde, para volver a hacerse del cinturón. La sociedad y los medios de Colombia enloquecieron. Era el mayor ídolo nacional, quien hizo famoso al país ante el mundo, el deportista invencible, la envidia del primer mundo. Una mochila demasiado pesada: sumergido en el mundo del alcohol y las drogas luego de su extensa estadía en la cresta de la ola, Pambelé deambulaba por las calles de diversas ciudades colombianas en busca de pelea, excesos y prostitución. Famoso por sus glorias, luego famoso por su decadencia, la historia de este boxeador que supo darle una tremenda paliza a Nicolino Locche en marzo de 1973 en Maracay, Venezuela, es el centro del libro "El oro y la oscuridad", de Alberto Salcedo Ramos, quien ha sido definido por John Lee Anderson como “el cronista de cronistas”.
Pero "El oro y la oscuridad" no se trata solamente de la historia de Pambelé: a través de la figura del boxeador, el autor logra un interesante trabajo de investigación que pone la mirada sobre claroscuros de la sociedad colombiana, sus parámetros de éxito y fracaso y sobre cómo la fantasía de infinitud de la gloria creada por los medios de comunicación y alimentada por el fanatismo de un pueblo pueden volver completamente loco a quien fuera su máximo ídolo deportivo. Salcedo habla con todos para llegar al hueso: la familia del Kid, sus médicos y los linyeras que lo pelearon en las calles por dos pesos, los parroquianos de los bares que lo veían como un fantasma que desaparecía repentinamente para aparecer la mañana siguiente en otra ciudad, y los periodistas que lo siguieron en la gloria y también en el ocaso. Salcedo también habla con Pambelé: las conversaciones, por momentos, son escalofriantes. El mérito, claro, no es de la historia, sino de la pluma del cronista, que dosifica la información como un artesano del texto.   
Ciencias ocultas
Y en la otra esquina, nacido en la ciudad de La Plata en 1975, traductor del alemán al castellano de una gran cantidad de obras, docente y escritor largamente premiado en diversos concursos de aquí y allá, Gabriel Pinciroli llega a las librerías con "La peor de las ciencias". Se trata de una serie de relatos de lenguaje directo y temáticas que corren por el carril de la violencia y el sexo en épocas de reacomodamientos de la noción de sujeto, atravesado por las nuevas configuraciones posmodernas propias de Internet y aquel sentimiento generalizado de los años noventa que afirmaba la inexistencia de un futuro promisorio.
Alejado del realismo liviano que parece ser la tónica generalizada de la nueva narrativa y visiblemente atravesado por una concepción poética del mundo, los relatos de Pinciroli están sobrevolados constantemente por una tensión que no termina de explotar, haciendo del punto exacto que antecede al clímax de toda historia su as en la manga. 

Publicado en www.marcha.org.ar

domingo, 11 de noviembre de 2012

¡Hay dos por uno en poesía!


El debut literario de Iván Noble viene de la mano de Washington Cucurto. Así, De tal palo, de ex líder de Los caballeros de la Quema, y ¡Basta de escribir nobvelas!, del autor de Sexybondi y Cosa de negros conforman un libro doble y sin contratapas, que se puede leer por cualquiera de sus dos wines.


Corría el año 1996 y por entonces la banda de sonido de las últimas escenas de la fiesta menemista incluía canciones de un disco titulado Perros, perros y perros, de Los caballeros de la Quema, banda del oeste del gran Buenos Aires. Todavía no habían grabado aquel infinito hit noventero, que con optimismo proponía que la morocha se atreviera a “punguearle a esta vida amarreta un ramo de sueños”. En el video de No chamuyes, el corte de difusión de aquel disco canino, se podía ver al líder de la banda, un extraño de pelo largo apellidado Noble, lucir una remera con la cara de Charles Bukowsky, cuando todavía la indumentaria con referencias a la contracultura no era moda de diseño palermitano. Dieciséis años más tarde, el mismo tipo, que luego saltó a la fama por su labor como compositor y cantante de la que fuera una de las bandas de rock más convocantes del cambio de siglo, une sus fuerzas con Washington Cucurto, el poeta de la calle, el de los laburantes del conurbano, los inmigrantes y los choferes de colectivos, en un libro de poesía que en verdad contiene en su interior dos trabajos diferenciados: De tal palo, de Iván Noble, y ¡Basta de escribir novelas!, de Cucurto, editado por un sello que funciona como una suerte de club editorial: el Garrincha Club.
Los textos que muestran Cucurto y Noble en esta publicación tienen más de un punto de contacto. En ambos predomina el uso de la primera persona, el tono intimista y cierta predilección por la fluidez de la conciencia en el estilo, lo cual hace que estos poemas den la sensación de una  coloquialidad franca, como si el lector pudiera inmiscuirse en la intimidad de los pensamientos de quienes escriben. Casi como un derrotero, ambos autores exhiben cierta estampa de loosers en estos poemarios, que funcionan como un glosario de miserias y desilusiones de dos cuarentones que están de vuelta: mientras Cucurto añora un pasado nocturno y fiestero (“Las cosas no son iguales / y pensar que por estas calles desiertas / yo llevaba la música y la seducción en la sangre / era feliz / Yo era un bailantero”), Noble se sienta en un bar de mala muerte a beber vino con un amigo, de su misma edad y también separado, y ante la inminente seducción de dos chicas veinteañeras huyen raudamente a por medialunas en la madrugada, en vez de abordar el juego de la coquetería, que en el pasado hubiera sido el leit motiv de sus versos cancionísticos caracterizados por una melancolía con un halo de esperanza. Por otro lado, ambos plantean en determinados momentos de este recorrido un regreso a sus hogares personales y al amor de sus hijos, como espacios al resguardo de la vida frenética que representa el mundo exterior. Noble, como muestra, narra cómo su tranquila lectura de Jack London en el patio de su casa es interrumpida por vecinos que vociferan puteadas contra los franceses al ver la transmisión de un partido de Los Pumas, lo cual lo lleva a cerrar el libro y aventurarse “a comprar vino y queso al almacén”. Este es el tipo de aventuras que hoy vive el autor, con presumible pasado atestado de anécdotas nocturnas propias de una vida como estrella de rock.
Pero, claro, ambos cuerpos de poemas también exhiben características diferenciadas. Por su parte, Cucurto, en ¡Basta de escribir novelas!, se ríe con desparpajo de más de un ícono político de la actualidad: la Revolución Bolivariana de Chávez, el Che Guevara, la presidenta Cristina Fernández (a quien le dedica el poema “Hombre de Cristina”, en el que la llama “Mi Caderona Nacional”, y el resto se puede imaginar). También revisita sus lugares poéticos favoritos: el barrio porteño de Constitución por las noches, con su “paraguayada” en pleno jolgorio, la vida tranquila del conurbano en Quilmes, donde “la gente te dice hermano / Uno tropieza con la comida / con las botellas de miel / los inconfundibles salames caseros / ¡a precios regalados!”. Es que, si bien Cucurto plantea por momentos el tono intimista y hogareño, su poesía parece no poder zafarse del todo de los vertiginosos y estrellados ritmos latinos que caracterizan su literatura, donde los signos de admiración se abren paso a los codazos entre los pajonales de la mansedumbre.     
La portada espejada muestra a ambos autores sentados en torno a una clásica mesa de café en una pizzería del barrio de Almagro, fotografiados por la lente personal de Nora Lezano. Mientras que en la tapa que corresponde al libro de Cucurto se los ve posando para la foto, en un gesto casi profesional, la portada del lado de Noble los muestra espontáneos, captados en medio de una charla de ocasión. Algo de todo esto se refleja en los poemas que contienen las hojas que suceden a estas imágenes: Los textos de Cucurto muestran mucho de su ya trabajado oficio literario, en tanto que en los poemas que aquí publica Noble se insinúa una escritura como actividad secundaria e informal, pasajera y con ciertos aires de hobbie

Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 11 de noviembre de 2012

lunes, 5 de noviembre de 2012

Un amor salvaje


El protegido del ciervo, el nuevo libro de poemas de Graciela Aráoz (presidenta de la Sociedad de Escritores de la Argentina y directora del Festival Internacional de Poesía, además de poeta) es un poemario de amor. Pero no se trata de un amor dócil ni liviano, ni entregado al devenir rosa de un romanticismo optimista. Todo lo contrario: los textos que Aráoz agrupa en este título abordan la temática amorosa desde una perspectiva fuertemente erótica, cargada de grandes palabras, que forman un tendedero húmedo de imágenes salvajes, donde el sexo y los cuerpos se vuelven uno con la naturaleza e incluso ingresan temerariamente esa zona intimidante que reviste la muerte, para luego desbordarla a borbotones.
La clave de estos poemas está sin dudas en su erotismo, que todo lo cubre. Así, hasta las separaciones, las traiciones, las ausencias, los finales y el dolor están atravesados por el reinado de las bocas y sus labios, de los ojos y sus lágrimas, de las pieles y sus sexos. El nombre y la palabra para designar al mundo son aquí tanto o más vitales que los cuerpos, y ni muerta esta autora, que en el poema “Sinfonía” asiste a su propio entierro, se desprende del nombre. Es que la palabra, acaso, sea lo único que logra sobrevivir incluso cuando el cuerpo fenece: “Ya no existe el cuerpo / sólo queda el trazo / de una escritura / que ahora escribe / en el lomo encrespado / del tigre”, se lee en “Habitación felina”.
Desde su presentación visual, El protegido del ciervo transmite algunas de las coordenadas orientadoras de los senderos transitados por las palabras que componen sus poemas. Tanto la tapa, como las ilustraciones interiores, todas de autoría de la artista española Marijose Tobal, muestran cuerpos femeninos desnudos e integrados a la tierra. No es casual: la palabra “cuerpo” está presente casi en cada página de la obra.   

Publicado en el suplemento de Cultura de Perfil el domingo 4 de noviembre de 2012