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viernes, 28 de abril de 2017

No corras más

Un creciente espacio en el panorama editorial argentino para los trabajos dedicados a las diferentes variantes de la música popular se fue gestando a los codazos en los últimos años. Tango, folclore, rock de los sesenta y setenta, blues, música progresiva, heavy metal, rock stone, barrial, alternativo, sónico o murguero, y tantos otros géneros y subgéneros son revisados a partir de un abordaje mixto entre lo académico y lo periodístico.

Con la publicación de Tu tiempo es hoy, del historiador Julián Delgado, se agranda el corpus teórico relativo a la obra de quien fuera el más arriesgado e innovador compositor e intérprete de rock en español nacido en la Argentina. Aquí, se propone una reflexión en torno al primer conjunto de Spinetta, el cuarteto Almendra, sus orígenes y el clima de época que rodeó su gestación y desarrollo. Pero no solamente: diagrama una suerte de ensayo acerca de los años sesenta locales, de los cuales la banda es una de sus expresiones musicales más ricas y complejas.

Se trata de un libro con impronta académica, en tanto busca la rigurosidad científica, pero ocupado por el estilo, por narrar y hasta estetizar los textos, llegando a imprimir largas descripciones de imágenes y situaciones, echando mano a recursos poéticos propios de la literatura. No se centra en lo anecdótico. Por el contrario, realiza un movimiento desmitificador, humaniza a los integrantes de la mítica banda, y otorga información valiosa para entender la rápida emergencia de aquellas canciones: la historia “oficial” siempre señaló que los tracks fundacionales de Almendra prendieron como epidemia en la juventud de entonces por su innovación musical y poética, borrando toda huella material en el proceso. El libro revela, por ejemplo, el rol del productor Ricardo Kleinman, creador del entonces popular Modart en la noche (e hijo del dueño de la famosa sastrería), que apostó fuerte por la música de Spinetta y sus amigos, e instaló el Tema de Pototo en un ranking “medio fabricado”, donde sonaban los éxitos del momento, lo cual posibilitó la grabación del ya clásico primer Long Play de Almendra.   

Otro valor reside en la impronta musicológica del autor, que despliega un análisis musical de todas las canciones del primer LP y de buena parte del segundo disco de la banda (un álbum doble sucio, progresivo y rupturista, rechazado por la crítica, diametralmente opuesto al primero). Delgado se detiene en las introducciones, los puentes, los estribillos, las armonías y el juego de climas y actitudes que desarrolla cada instrumento, incluso señalando deficiencias o excesos, cuya intencionalidad queda flotando en el aire.

         Sobre aquel primer LP hay, además, una hipótesis interesante que señala su emergencia un tanto desfasada respecto de su tiempo político: mientras las canciones están ancladas en una cosmovisión hippie, romántica y naturalista propia de los años sesenta, la juventud argentina viraba hacia formas frontales y violentas de la lucha política. Ese desajuste deviene en una incomodidad y eventualmente es uno de los factores que precipita la separación del grupo en 1970, año en el que además de Almendra, se separan Los Beatles en Inglaterra, y poco después el trio Manal, otro conjunto paradigmático de la década que terminaba. 

Por otro lado, el trabajo encuentra sus momentos más confusos cuando se estructura demasiado sobre artículos periodísticos ajenos, o cuando se extravía en algunas derivas de tipo ensayístico que no aportan demasiada información ni estilo.



Tu tiempo es hoy tiene reservada una coda, centrada en el fugaz retorno de la banda en 1979 en plena dictadura militar. El círculo se cierra con el maratónico recital que dio Spinetta en el estado de Vélez Sarsfield en diciembre de 2009, en el cual el cuarteto volvió a tocar en vivo varios de sus temas emblemáticos, show que un joven Delgado observa junto a su padre. 

martes, 12 de febrero de 2013

Será que la canción llegó hasta el sol


Por Juan Francisco Gentile. El 8 de febrero de 2012 moría Luis Alberto Spinetta, figura central de la música popular argentina, autor de un inagotable cancionero que caló profundamente en la cultura rioplatense. Una injusticia que sólo encuentra alivio al volver a sumergirse en el mar de canciones que creó incansablemente.


Hoy se cumple el primer aniversario del que fue probablemente el día más triste no solamente para el rock, sino para el conjunto de la música popular de nuestro país: a los 62 años se apagaban los latidos y con ellos la voz y el cuerpo de Luis Alberto Spinetta, el artista más ecléctico, el más arriesgado, sensible pero crudo, profundo y descarnado, rabioso pez que desde septiembre de 1968, con la salida del simple Tema de Pototo, no dejó de agitar las aguas de la música rioplatense.
Autor de un inagotable cancionero que supo calar hondo en la cotidianidad de los argentinos, Spinetta y su música constituyen como una red de múltiples aristas un complejo sistema de sentidos abiertos, siempre ubicado a la vanguardia, contenedor de infinitas maneras de interpretar y traducir un mundo descompuesto a través de una mirada esperanzadora.
Desde la melancolía beatle, tanguera y alucinada de Almendra, pasando por el rock and roll y la canción filosa de Pescado Rabioso, a la lisergia de Invisible. Del jazz-rock sofisticado de Spinetta Jade a la potencia de aquel trío inagotable que fue Los socios del desierto, pasando por perlas solistas como Spinettalandia y sus amigosKamikaze y Pelusón of milk. De la explotación de la canción más allá de los límites de lo imaginable en Silver Sorgo y Para los árboles, al sonido casi futurista de Pan y el retorno a la simpleza en Un mañana. Su obra, inabarcable y siempre vigente, lo ubica entre lo más destacado de la cultura surgida en estas pampas. Quienes tuvieron la suerte de ser de la partida seguramente no podrán borrar de sus retinas la mágica noche del 4 de diciembre de 2009 en la cancha de Vélez, en la que durante más de cinco horas ininterrumpidas de música y bajo una inmensa luna naranja, se despidió, calmo y transparente, de su público heterogéneo etaria y socialmente.
A un año de la tarde en la que incontables almas se refugiaron a oír fragmentos de la obra spinetteana para rendirle homenaje, es imposible no pensar en el grado de injusticia que el destino cometió con la cultura popular argentina. En tiempos en que más de un artista otrora genial aparece mediáticamente en franca decadencia física, mental y creativa, sin una música factible de conmover la más mínima fibra sensible (los ejemplos están a la vista), la ida del Flaco sucedió en un momento con toda la apariencia de camino aún no finalizado. El 8 de febrero de 2012 sacudió los corazones cuando Spinetta atravesaba una madurez compositiva que sin dudas aún tenía mucho por ofrecer. Su ausencia es un estigma latente que sólo es permeable al olvido a fuerza de sumergirse una y mil veces en una obra que se agiganta cada día.    

martes, 7 de agosto de 2012

Los elefantes saben descansar, van a morir de paz


Por Juan Francisco Gentile. A seis meses de la muerte de Luis Alberto Spinetta, Marcharecorre un punto brillante pero desatendido de su obra: Almendra II, el disco que marcó la llegada definitiva del rock argentino a una madurez rebelde.


Hace seis meses, pueblo y cultura rioplatenses vestían traje negro para despedir a Luis Alberto Spinetta, el más vanguardista de los artistas populares del Río de la Plata, o el más popular de los artistas de vanguardia. La noticia golpeó como un mazazo por varios motivos: uno, porque Spinetta dejaba este mundo en pleno desarrollo de su carrera, habiendo publicado recientemente discos que están a años luz en cuanto a composición, letrística y sonido de la media del rock argentino. Basta con escuchar con atención discos como Para los árboles,Pan o Un mañana, que aunque seguramente no son los favoritos de quienes gustan del Flaco rockero, no dejan de ser una caricia al oído, un sacudón a la modorra, despabiladores del corazón. Mazazo decíamos. También, porque de algún modo fue una victoria del periodismo buitre, que semanas antes lo había retratado sin su consentimiento, parado en la puerta de su casa de Villa Urquiza, visiblemente afectado por la enfermedad. 
Una de las imágenes que más circuló por las redes sociales aquel 8 de febrero, y los días sucesivos, fue la de “El hombre de la tapa”, aquel sujeto extraño salido del pulso de Spinetta, que con una lágrima que rueda por su mejilla, una remera rosa con la inscripción “Almendra” y con algo parecido a una sopapa en la cabeza, ilustraba el primer disco de aquella banda hoy mítica, la de los Spinetta y Emilio del Guercio adolescentes. La alta rotación del dibujo es cuanto menos lógica: se trata del disco que abrió una dimensión nueva en la canción argentina, la de la canción con armonías de marcado cuño beatle fusionados con elementos del tango, el jazz y el folclore, que luego transitarían Charly García, Fito Páez, Andrés Calamaro y tantos otros. Las crónicas del pasado febrero referidas a la vida y obra de Spinetta, que se multiplicaron como el musguito en la piedra, no cesaron de referirse a la etapa de transición entre Almendra y Pescado Rabioso como el paso repentino y sin escalas de una banda algo naive, liviana y rosada a un rock poderoso, descarnado y crudo. Los más detallistas o memoriosos señalaron la existencia deSpinettalandia y sus amigos como disco bisagra, pero no mucho más. Como sea: nadie se acordó que Almendra editó no uno, sino dos discos. El segundo, conocido en su momento como “Almendra II” o “el doble del Almendra”, es una cachetada de rock progresivo en pleno 1971 que, lejos de la tranquila siesta de la muchacha de los pechos de miel y el corazón de tiza, tronó con 21 canciones injustamente pasadas por alto por la mayoría de los escuchas de la obra del Flaco.
En tus pies se agita la calma
1971 fue el año de Led Zeppelin IV y de Sticky Fingers, de los Stones. En ese entonces, Geroge Harrison organizó el mítico Concierto para Bangladesh, mientras Pablo Neruda recibía el Premio Nobel de Literatura. También fue el año en que Roberto Gómez Bolaños empezó con el Chavo del Ocho en México, el de la creación del Frente Amplio en Uruguay, mientras en la ciudad de Córdoba y aledaños se producía la revuelta popular luego conocida como “El viborazo”. Fue ese año cuando salió a la calle el Long Play doble sin título conocido como Almendra II, en su momento tratado con frialdad por el público y por la crítica. Cuenta la historia que la banda integrada por Spinetta, Emilio del Guercio, Edelmiro Molinari y Rodolfo García trabajaba en la idea de algo que definían como su “ópera-rock”, siguiendo con la idea que, cuándo no, motorizaron los Beatles con Sgt. Pepper´s lonely hearts club band y los Stones con Their satanic majesties request, seguidos por el Tommyde The Who, y tantos otros menos recordados. Finalmente, no lograron redondear la idea original de aquel disco que se iba a llamar Señor de las latas, muchos de cuyos temas fueron grabados más adelante por Spinetta, como Canción para los días de la vida o Ella también, registrado finalmente doce años más tarde en Kamikaze. El resultado de ese proyecto trunco y de la inminente separación del grupo fue la grabación de las canciones que tenían terminadas. Eso fue Almendra II, un disco que probablemente nadie ponga entre sus favoritos de Spinetta, más por desconocimiento que por las músicas que contiene, y que sin embargo es una joya.
Temas como Los elefantesCamino difícilAgnus deiUn pájaro te sostiene o Parvas, sólo por nombrar algunos, contienen una mixtura impecable entre la canción que Almendra trabajó en su primer y famoso disco y una impronta rockera furiosa y lisérgica, con marcadas influencias de Zeppelin, Jimi Hendrix, y Pink Floyd, bandas que tanto Spinetta como el resto de los integrantes escuchaban con fascinación en los primeros años de la década de los setenta.
Agnus dei, con sus 14 minutos y 27 segundos de locura distorsionada, es el ejemplo extremo del significado de este álbum: la llegada del rock argentino a una madurez rebelde, que patea el tablero de la rotación comercial signada por la canción de tres minutos con estrofa y estribillo. También en Almendra II aparecen como compositores e intérpretes arriesgados y de calidad  Edelmiro Molinari, con temas poderosos como No tengo idea yAire de amor; y Emilio del Guercio, que mostrando ya retazos del camino que lo llevaría años más tarde a comandar un barco de lujo como fue Aquelarre, plasma en este disco joyas como Camino difícil (con su estrofa montonera: “Compañero, toma mi fusil / ven y abraza a tu general / ¿no ves que el tiempo se quedó a vivir?”) y Un pájaro te sostiene, de una cadencia rítmica y poética casi perfectas. Y lo de Spinetta, compositivamente, es tremendo:En las cúpulasParvasVete de mí cuervo negroLos elefantes y Para ir dan cuenta de un Flaco afiladísimo, equilibrado, sin temor a la armonía vocal y con alto voltaje de riffs y distorsión que no satura.
Morir de paz, fasando el tiempo
“En épocas de Almendra II, yo tomaba algún acidito. Mal para mí. Tiempo después, ya no jugaba con mi cerebro a la buena de Dios. Y ya viendo la magnitud de mi propio nacimiento en mis hijos, jamás me atreví a chistes psicodélicos, aunque, debo admitir que, en cambio, de a poco, comencé a esnifar algo, y esnifé. Más mal para mí. Pero hace un montonazo de tiempo que estoy limpio y muy bien, y puedo decir que el interés por aquellas aventuras se extinguió. Siempre me gustó fasar el tiempo, nada del otro mundo. Hoy tabaco, y chupitegüi en la comida, rankean a tope”, decía Spinetta en 2008, en una entrevista sin desperdicio con Rodolfo Braceli. La misma charla en la que decía: “La muerte lejos no puede estar. Porque somos burbujas que se rompen con una facilidad absoluta. Pero ella no es una presencia que me impida cantar, ni ser feliz”. Pero más allá de las entrevistas de archivo, en definitiva, la única clave para re encontrarse con el espíritu del Flaco es escuchar su obra. En ese momento, por favor, detenerse en Almendra II y hacer como los elefantes, que saben descansar y van a morir de paz.