miércoles 22 de agosto de 2007

Medios Alternativos: entre “La amenaza democrática” y el “video porno de Cachi Telesco”

“Aunque los medios independientes se hallan faltos de recursos casi por definición, ganan importancia de la misma manera que lo hacen las organizaciones populares: juntando a la gente de ingresos limitados multiplican su efectividad y su propio entendimiento a través de la interacción, lo que configura exactamente la `amenaza democrática´ que tanto temen las elites dominantes”. Así reza el epígrafe que abre el extenso y más que disfrutable libro llamado “Comunicación alternativa” editado por radio La Tribu en el año 2000 en ocasión del aniversario número diez de la emisora, y que abunda en artículos, entrevistas, imágenes y anécdotas sobre la historia de La Tribu. Las palabras citadas son de Noam Chomsky, célebre linguista estadounidense que marcó un quiebre en la historia de los estudios sobre el lenguaje en el siglo XX, leído en universidades de todo el mundo, y reconocido militante anti imperialista[1]. Estos conceptos parecen definir a la radio La Tribu, y en cierta forma pueden servir para pensar y unificar un criterio o una línea común para ese espectro algo confuso y difícil de definir que muchos se complacen en llamar “Medios alternativos de comunicación”.

¿Qué es lo alternativo en materia de medios de comunicación? La vieja discusión de la forma y el contenido parece tomar aquí relevancia nuevamente. ¿lo alternativo es la forma (el cómo se comunica)? ¿o es el contenido (el qué se comunica)?. La diatriba no parece estar cerrada, y las opiniones son diversas. Se es alternativo, diría la RAE, con respecto a algo, que se supone central, dominante y oficial. Pero, ¿qué pasa con estos conceptos en un mundo cada día más atomizado, donde los emprendimientos individuales florecen en todos los rincones?. ¿Hay realmente un sustento militante en todos los proyectos comunicacionales que se denominan “alternativos”?.


“Hay que usar a los medios y no ser usados por ellos”


Los medios autodenominados “alternativos” surgieron sobre las útlimas décadas del siglo XX en las sociedades modernas como una respuesta a los mass media (medios masivos): ante la creciente monopolización de la información por parte de grandes grupos empresariales, que conformaron multimedios cada vez más poderosos, con más recursos y con creciente posibilidad de incidir en el poder político y negociar con él (diarios de circulacion nacional, radios, canales de TV, portales de internet con decenas de miles de visitas diarias: todo en manos de una misma corporación. El ejemplo Argentino más claro es el Grupo Clarín, que concentra los medios masivos con más índice de consumo entre la población), distintos profesionales y aficionados del área de la comunicación y el periodismo fueron desarrollando proyectos de medios de información que, generalmente ligados a diversas militancias políticas y culturales, se propagaron a lo largo de todo el globo. Un ejemplo claro de este tipo de medio de comunicación lo constituye la Radio Insurgente, “La voz de los que no tienen voz”, perteneciente al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en Chiapas, México, que se encarga de difundir la mirada del EZLN sobre la coyuntura mexicana y mundial y que hoy es mundialmente conocida por haberse apropiado de herramientas que tradicionalmente son concebidas como propias de la globalización (como la internet, desde donde se puede escuchar) para cargarlas con contenido “rebelde”. El Subcomandante Marcos, líder del EZLN, dijo en su discurso en el Segundo Encuentro por la humanidad y contra el neoliberalismo, en Brasil, en 1999, que “hay que usar los medios y no ser usados por ellos (...) la reapropiación del lenguaje y de los medios de comunicación es indispensable en este combate y, por ello, la creación de redes de comunicación reviste una importancia primordial.”

Otro caso que va en esta misma dirección es la red mundial de noticias Indymedia, que cuenta con filiales en más de 40 ciudades del mundo y que nuclea diariamente noticias redactadas por organizaciones sociales y de derechos humanos, y por redactores que colaboran solidariamente y ad honorem. Los integrantes de Indymedia-Argentina afirman que llevan adelante este proyecto “porque los que no están en concordancia con los intereses de alguna gran corporación no tienen voz en los medios tradicionales. La televisión, los diarios, las revistas de circulación masiva están en manos de un puñado de grupos económicos, que informan según sus propios intereses. La cámara y el micrófono de estos medios nunca están del lado de los que no tienen voz, de los trabajadores, de los estudiantes, de los desocupados”. En la Argentina funcionan actualmente decenas de agencias de noticias que se autoproclaman como alterntivas o independientes, que entienden la comunicación como una herramienta vital para el cambio social, entre las se puede nombrar a Indymedia, Anred, LND noticias, la Red Eco Alternativo, La Vaca, entre otros. Para ilustrar brevemente la actividad de esta clase de agencias, citaremos un caso actual: Recientemente, el Hospital Francés, de la ciudad de Buenos Aires, cuyos trabajadores están llevando adelante desde el año 2006 un conflicto gremial en reclamo de un (mrerecido) aumento salarial, entre otras cosas, fue militarizado por el gobierno nacional mediante su interventor, Carlos Catrillón. Alrededor de 100 efectivos de la Gendarmería Nacional se apostaron en el interior de este Hospital de uso público. Los grandes medios decidieron, casi unánimemente, no dar esta noticia. En forma simultánea, las agencias de noticias alternativas, pusieron en sus portadas, como tema principal del día, la cobertura del hecho.


Apagá La Tribu y hacé tu radio


Las radios comunitarias conforman otro de los grandes grupos de medios de comunicación que se dicen alternativos. En la Argenitna existe el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), con unas 50 emisoras asociadas en todo el país. La finalidad de las radios comunitarias es, según informantes de FARCO, “ejercer la radiodifusión como un servicio a la comunidad y la comunicación como un derecho de todas las personas; buscamos fortalecer la comunicación de nuestro pueblo”. A su vez, las radios integrantes de este foro se dicen alternativas porque buscan combratir “la creciente concentración en la propiedad de los medios, a través de la democratización de la comunicación como condición necesaria para la democratización de la sociedad, ejerciendo la radiodifusión como un servicio y no como una simple actividad comercial-lucrativa”, según informan documentos entregados a este cronista. Actualmente, según estadísticas oficiales, se cuentan en el país más de 2500 radios FM de baja potencia, que desarrollan su actividad con fines comunitarios.

En la ciudad de Buenos Aires la FM La Tribu quizás sea la emisora emblemática que forma parte de FARCO y que adhiere a estos postulados. Ubicada en el 88.7 del dial, La Tribu nació en 1989 como un proyecto del Centro de Estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero luego tomó su propio rumbo hasta convertirse en lo que sus integrantes llaman hoy “Colectivo La Tribu: una radio alternativa.
Un relato colectivo que circula para discutir con otros. Una radio con consecuencias. Con testimonios, declaraciones y diálogos. Una radio que cuenta la realidad para poder trasnformarla.”

Al entrar a la vieja casona de la calle Lambaré, desde donde transmite La Tribu, se respiran aires de centro cultural: obras de arte que culegan de las paredes, publicaciones y fanzines sobre las mesas, la radio transmite “Post crucifixión”, de Pescado Rabioso, mientras se realiza una “reunión de dirección” que se parece más a una asamblea que a un encuentro de directivos, razón por la cual los responsables del día a día de la radio no pudieron atendernos. Pero una simpática chica de rastas, que estaba realizando la operación técnica del programa que se encontraba en el aire en ese momento, pudo facilitar el (literalmente) pesado libro que citamos al principio de esta nota. Allí se puede leer una entrevista hecha en el año 2000 a los cuatro fundadores de la radio, en la que Caludio Vivori relata los fundamentos políticos de la emisora: “Nosotros tenemos hipótesis de que si en la Argenitna existiera algo parecido a un multimedio, que se organice desde la izquierda, y construya, por ejemplo, la disputa por la agenda, más allá de la portación de fuerzas, materialmente hablando, por la contrucción de sentido, estaría, no te digo más pareja, pero habría momentos donde vos podés más o menos torcerles el brazo. Y por eso, con respecto al futuro, nosotros tenemos que encontrarle lavuelta para quedar a la ofensiva con temas que permiten politizar a la sociedad. Y para eso nació La Tribu.”. En la misma entrevista Ernesto Lamas, otro de los fundadores, se expide con más vehemencia acerca de la cuestión de la alternatividad: “Alternativo es aquello que construye una contrahegemonía en pro de derribar un sistema injusto que es este, el capitalismo. Alternativo es antisistema. En nuestra concepción, La Tribu es alternativa.”


Pero... ¿ser alternativo hoy es no militar?


En los últimos años el avance del formato del blog periodístico hizo que muchos comunicadores se volcaran por esta modalidad para transmitir sus propios contenidos, por considerar alternativa su forma. Así, existen numerosos casos de periodistas, que trabajan diariamente en algún medio masivo, y que simultáneamente tienen su blog periodístico. Estos “blogs periodísticos” generalmente son llevados adelante de forma individual, y son considerados alternativos por sus hacedoras, pero no a raíz del hecho de llevar a través de ellos una disputa política o social, discursiva o artística, sino simplemente por la posibilidad de feed back (ida y vuelta) con los lectores que estos otorgan, y por la ausencia de editores que seleccionen sus noticias. El periodista Leandro Zanoni (Clarín, Planeta Urbano, Cuatro Cabezas, etc), creador del muy visitado sitio Eblog, relató a este medio su propia concepción de lo alternativo, que dista bastante de la idea de “anticapitalismo” que predican los fundadores de La Tribu: “Habría que ver qué entendemos por medios alternativos. Sí creo que los blogs son una opción para leer cosas (o ver videos o fotos) que los medios tradicionales no publican. Te doy un ejemplo recientes: el video porno de Chachi Telesco, la ex participante de High School Musical. Todos lo vimos -¡y lo disfrutamos!- a través de diferentes blogs, pero la TV jamás lo hubiese publicado. Pensando un poco, yo en mi actividad informativa diaria, leo 100 blogs, ni idea cuántos. Pero me parece que hoy por hoy, los medios alternativos para mí son los diarios de papel.”

Ingrid Beck, directora de la Revista Barcelona, en relación con la diatriba forma/contenido respecto de la alternatividad en los medios, afirma que “lo alternativo tiene mucho que ver la forma en que se hace, y la forma en que llega al público. Hecho en Buenos Aires claramente es un modo de distribución alternativo, lo distribuye la gente sin techo, eso marca la intención de la revista.”

El parámetro para definir la categoría de “medio alternativo” no está claramente establecido: cada comunicador y cada medio que lo adopta define su propia “alternatividad” de acuerdo a aquello de lo quiere despegarse, que en algunos casos es un sistema político, un determinado modo de informar, una forma de organización, o parámetros tecnológicos que avanzan sobre los medios tradicionales de antaño que, según periodistas cultores de los blogs como Leando Zanoni, están en franco retroceso, y sus diarios de papel, prontos a su desaparición.

Medios de comunicación con finalidades y fundamentos tan dispares como Indymedia, La Tribu e Eblog se atribuyen el mote de “medio alternativo”. ¿Cuán “alternativo” se es si esos nuevos formatos no se cargan con ideas que discutan con los medios “tradicionales”? La pregunta queda flotando para quienes entienden que la alternatividad se trata de abrir un blog y colgar en él las tapas de Hombre, Gabo, Noticias, Newsweek y videos de Cachi Telesco. No es ninguna novedad, y menos aún para los periodistas, que los mass media juegan un rol más que importante en la formación de opinión, en el establecimiento de los temas centrales sobre los que una sociedad discute y se pronuncia, en el fortalecimiento o cuestionamiento del discurso dominante impartido por quienes detentan el poder de los grandes medios de producción, y en definitiva, tienen un gran poderío para incidir en los procesos culturales y políticos que tienen como protagonistas a las sociedades del siglo XXI. La comunicación tiene una inegable dimensión estratégica en los procesos políticos, y la palabra, por más esfuerzos que haga por ser banal, por acción u omisión es siempre una pieza fundamental del rompecabezas complejo que conforma el entramado social moderno. ¿Vamos a permitir sin chistar su monopolización?. La diatriba es la misma que atraviesa el campo popular desde el estallido del neoliberalismo: o se gana la pantalla que ya está legitimada socialmente, o se crea el foco contrahegemónico.


[1] Resulta altamente llamativa la impronta linguística de Chomsky, tomando en cuenta su costado fuertemente militante: sus teorías sobre el lenguaje, conocidas como “generativismo”, plantean leyes universales de formación y desarrollo de lenguas intrínsecas e “innatas” al ser humano, y separa completamente de plano la influencia del medio y de las relaciones históricas, sociales y culturales en el desarrollo de los lenguajes de las sociedades.